domingo, 21 de mayo de 2017

Moldea tu entorno para que te moldee positivamente

Si quieres hacer dieta convendrá que llenes tu nevera de alimentos adecuados. Si quieres  meditar te ayudará tener un espacio en tu casa donde puedas estar tranquilo y en silencio. Si tienes que superar un examen te será útil una mesa ordenada donde colocar solo lo necesario para estudiar sin distracciones. O si quieres hacer deporte tendrás que guardar tiempo en tu agenda para ese fín.

Estos son solo algunos ejemplos para mostrarte  que además de contar con tu entusiasmo y fuerza de voluntad, que a veces pueden flaquear, puedes  contar con tu entorno si sabes transformarlo en un factor colaborador.  

El entorno te influencia y tú puedes moldearlo para que, a su vez,  te moldee positivamente. Se trata de diseñarlo en forma tal que te apoye en tus propósitos, sosteniendo tu motivación y ayudándote a minimizar esfuerzos y optimizar rendimientos. Te propongo nueve pasos que te ayudarán en este empeño:

1.- Cada objetivo tiene su entorno ideal así que una vez que tengas claro lo que quieres lograr puedes empezar preguntándote: ¿cómo sería un entorno colaborador para este asunto? En general, un buen entorno es cualquier aspecto de tu vida que funcione como estructura de apoyo para tus propósitos. Puede tratarse de personas que te den soporte, tecnología que te facilite la vida, programas que te ayuden a sistematizar procesos y crear hábitos, espacios que te inspiren, formación que te ayude a evolucionar o grupos con intereses similares que refuercen tu motivación, por ejemplo.

 2.- Concreta los recursos que consideras más necesarios. Crear un entorno colaborador es como formar un equipo para que no tengas que depender solo de ti mismo. Por ejemplo, si te has propuesto pensar más positivamente y quieres repetir, cada cierto tiempo, palabras que te aportan un enfoque constructivo, sería muy estresante tener que recordar los momentos programados para hacerlo. Pero si activas alertas en tu móvil, podrás relajarte confiando en que te avisará puntualmente cuando llegue el momento de repetir tu frase inspiradora.

3.- Encuentra las diferencias: Una vez que hayas repasado todos los elementos que podrían transformar lo que te rodea en un entorno colaborador, pregúntate: ¿qué diferencias presenta esta visión con mi entorno actual? ¿qué cambios serían los más determinantes? ¿Cuáles son los que ya puedo llevar a cabo?

4.- Descubre los entornos nocivos: Quizá te des cuenta que que algunos de tus entornos actuales no solo no son colaboradores sino que contribuyen a frenar tu avance. Empieza por atender esas áreas. Y cuando tengas bien claros los cambios que quieres realizar, haz una lista, prioriza los más urgentes y pasa a la acción. Si quieres dedicar un tiempo a estudiar y en tu hogar no hay espacio para concentrarte sin interrupciones, estudia en la biblioteca más cercana. Si estás haciendo dieta y te resulta difícil seguirla comiendo con tus compañeros de trabajo, aprovecha para caminar hasta algún parque y come allí.

5.- Mucho de lo que te rodea puede convertirse en un entorno favorable para la consecución de un determinado objetivo. Si al mirar a tu alrededor piensas que nada puede apoyarte, repasa otra vez lo que necesitas,  coméntalo con tu familia, amigos o profesionales que puedan ampliar tu punto de vista   Observa otros entornos y los beneficios que les aportan a personas con necesidades similares a las tuyas.  

6.- En ocasiones resulta difícil superar las resistencias  ante el cambio. Te puede resultar tranquilizador empezar por detectar, valorar y agradecer  primero lo que ya funciona bien y establecer mejoras sobre ello. Quizá no necesitas un armario nuevo pero te puede resultar más efectivo otro sistema de ordenar tu ropa en su interior  o cambiar la ruta de paseo con tu mascota puede ser la oportunidad para hacer más ejercicio físico o usar Internet para revisar las ofertas antes de hacer la compra mensual en tu supermercado preferido  te ahorraría dinero, por ejemplo.  Empezar simplemente mejorando algunas áreas puede lograr una gran transformación del conjunto y un aporte de confianza para emprender cambios más drásticos.

7.- Conviene, además, que diseñes entornos sostenibles que no necesiten, para mantenerlos,  más esfuerzo que el que te ahorran.  Si decides hacer cambios en tu terraza para convertirla en un espacio más acogedor pues quieres tener más momentos de tranquilidad al aire libre, procura que el cuidado que requieran las plantas y el mobiliario que escojas no reste demasiado tu tiempo de relax.
 
8.- No te olvides de evaluar: Para detectar estos errores de cálculo conviene que tras implementar un cambio evalúes su rendimiento en relación a lo que querías obtener al aplicarlo. La evaluación también te ayudará a que la inercia no te lleve de vuelta a las antiguas situaciones o costumbres.

9.- Diseñar paso a paso y rediseñar: Recuerda que la creación de nuevos hábitos requiere esfuerzo hasta que no están consolidados y empiezan a aportarte seguridad y beneficios.  Por lo tanto,  puede resultar conveniente ir paso a paso en vez de afrontar muchos cambios a la vez. E ir rediseñando conforme afrontas distintos retos que suponen diferentes necesidades.

Lo importante es que contemples la posibilidad de perfeccionar tu entorno para transformarlo en un sistema que te permita descargarte obligaciones, que te sirva de filto ante posibles distracciones,  que te refuerce en tu motivación y te apoye con efectividad en tu camino.  ¡Harás más con menos esfuerzo y la vida te resultará más fácil!

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal

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domingo, 23 de abril de 2017

Deshaciendo el apego ciego a un pensamiento

En un relato de la tradición hindú se cuenta de “un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre lo amaba profundamente. 

Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Cuando el padre regresó a su hogar se encontró con la casa derruida por el incendio. Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos del niño. 

Tiempo después, el hijo logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.

¿Quién es? -preguntó el padre.
Soy tu hijo -contestó el niño.
No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo murió.
No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
 Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
 Padre, escúchame; soy yo.
 ¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. 
Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.”

Aunque el relato guarda un sentido metafórico, lo cierto es que más de una vez, como el protagonista del cuento, yo también he llegado a negar la realidad creyendo equivocadamente que un vínculo afectivo estaba muerto o muy deteriorado. Y he sufrido innecesariamente por encerrarme en una historia dolorosa que solo estaba sucediendo en mi imaginación. Reconozco que, en ocasiones, el apego ciego a un pensamiento, con sus nocivas consecuencias, me ha pasado inadvertido. La honesta verdad, esperando sosegadamente en mi interior, ha quedado oculta tras la densa nube de una creencia no cuestionada.

También he comprobado que no son los pensamientos quienes se aferran a mi sino yo a ellos. Lo hago cuando los convierto en creencias inamovibles o cuando, luchando contra ellos,  trato de eliminarlos sin ofrecerles comprensión. 

Cuando me atasco de esa manera en alguna historia dolorosa, luego compruebo que, mientras soy inconsciente de ello, suelo separarme del ahora, incluyendo personas y situaciones, quedarme bloqueada en mis pensamientos sobre el pasado o el futuro, a la defensiva, tensa y negativa. Y aún cuando en la superficie aparezca frustración, enfado, rabia o tristeza, debajo supura un doloroso miedo.

La buena noticia es que aunque, por distracción, aún sigo tropezando con estas piedras también voy consiguiendo evitarlas.  He aprendido a cuestionar mis pensamientos, a descubrir qué emociones los acompañan, a detectar a qué actos me impulsan y a dejarme guiar, únicamente, por los que son verdad para mi corazón en paz. Cuando logro darme cuenta y mantengo abierta mi mente, me siento, sobre todo, en armonía con el momento presente. Y mi corazón sale contento a abrazar la realidad recordando así que estoy unida a ella.

Me ayuda mucho recordar que continuamente estoy dando un particular significado a todo lo que sucede. Y que son esas ideas, esos juicios, esas valoraciones las que generan lo que siento. Cuando crep que son los demás o determinadas situaciones las que me traen sufrimiento solo veo el camino de intentar convencer y controlar para producir un cambio fuera de mi. Pero ese intento me deja en manos de los demás como víctima impotente. Cuando recuerdo que la raíz de mi malestar empieza en mi interpretación de la realidad se abre un gran campo de acción bajo mi responsabilidad.

Para rastrear el pensamiento perturbador suelo poner por escrito la descripción de los hechos y luego completo estas frases: “Y eso para mi significa que…” o “E interpreto que eso quiere decir que…” Hacer este ejercicio por escrito me ayuda a tomar distancia de lo que pienso y así me resulta más fácil comprender que esas valoraciones no son mi identidad. Como poco soy el campo de conciencia dónde tienen lugar ess ideas. De esta forma me resulta más fácil cuestionarlas.

Seguidamente paso a comprobar si realmente ese punto de vista es verdadero para mi, aquí y ahora pues a menudo mantengo creencias que fueron verdaderas en el pasado o en otras condiciones o con otras personas y las proyecto al presente sin cuestionar su veracidad actual. 

Por eso también suelo preguntarme si, en este momento, puede haber otras maneras de contemplar la situación. Y entre esas perspectivas alternativas siempre incluyo mirar la realidad más allá de cualquier juicio sobre ella.  ¿Qué sentiría, cómo lo viviría, qué haría, cómo respondería si …? Sucede que cuando acepto recibir el ahora tal como se presenta, sin juzgarlo, cada momento me muestra un puente para unirme en paz a lo que es.

Cuando doy por buena una creencia, sin investigarla conscientemente,  y ésta no coincide con lo que está sucediendo, me siento mal. La vida es continuo cambio. Cuando intento atraparla en una estática y personal idea de lo que debería ser, me alejo de la realidad. Y si considero mi punto de vista inamovible quedo prisionera de él y del sufrimiento que me genera. Así que también tengo muy en cuenta y registro en mis notas los cambios de mis emociones cuando estoy afrontando la realidad desde el marco de unos pensamientos u otros. Intento ver muy claro lo que me aporta cada creencia y hacia qué tipo de conductas me impulsa.

A veces comprendo que estoy deseando tener razón como si en eso me fuera la vida. Sin embargo, la tensión que requiere ese esfuerzo me termina agobiando y me permite ver con claridad que lo que realmente deseo es sentirme serenamente en paz. Liberarme en vez de mantenerme encerrada, abrazar en vez de rechazar, unirme en vez de separarme y amar en vez de temer.

Es un trabajo personal que tiene que ver con la soberbia de creer que tengo la información suficiente para juzgar, especialmente cuando al rastrear los pensamientos me encuentro escribiendo frases que empiezan por “el o ella deberían ser así, o deberían hacer tal cosa…” o “esto no debería estar pasando…”

En este sentido me ayuda releer algo que escribí en “Lo que el corazón quiere contemplar”: “Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital. Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.”

Así, atreviéndome a cuestionar mis pensamientos, voy deshaciendo ese apego ciego a ellos y logro abrir mi mente lo suficiente para tener en cuenta lo que está diciendo mi corazón. Entonces recurro a la quietud. Confío una vez más en que siempre hay más de una forma de percibir cada situación y decido asomarme a aquella que surja de mi más profunda paz. Así que busco un lugar tranquilo y silencioso dentro y fuera de mi. 

Comienzo relajando las tensiones que localizo en mi cuerpo, voy llevando mi respiración a un ritmo sosegado y profundo y busco la calma que hay en lo más hondo de mi conciencia. Es la paz que ya había cuando era un bebé y existía sin más. Es una sensación que cuando la buscas por un instante, simplemente en el ahora de cada respiración, brota naturalmente.

En este punto es cuando, con frecuencia, siento como si algo cediera en mi interior, como si se hubiera deshecho una resistencia. Es como si cambiase una disposición interna. Paso de estar contraída por temor dentro del caparazón de mis juicios a entregarme con inocencia a lo que es, en ese presente.

Cuando alcanzo esa vibración vuelvo al tema que estaba afrontando conflictivamente y con ánimo de expandir mi percepción de ese asunto expreso en silencio la siguiente afirmación: “Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.” 

Y me mantengo en silencio, con confianza hasta sentirme en paz con esa situación. A veces encuentro cauces de acción concretos, a veces simplemente dejo de necesitar responder ante esos hechos o intuyo una comprensión no traducible en palabras pero sí en un bienestar interior. 

Lo que suelo comprobar después es que las primeras reacciones surgidas de la resistencia provocan más y más resistencia dentro y fuera de mi mientras que lo surgido tras la entrega consciente genera fluidez, coincidencias y apoyos inesperados. O una aceptación tranquila cuando no aparecen cauces posibles de acción.

No siempre logro completar estos pasos que hoy he querido compartir contigo pero los momentos felices en que sí lo consigo me llevan a pensar que quizá “para comprender la vida primero hay que amarla”. Bajo los duros juicios puede haber  semillas de amorosa percepción esperando brotar. Y está en nuestra mano permitir  que les alcance la claridad de la comprensión,  la cálida luz que emana de la inocencia en nuestro corazón.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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sábado, 25 de febrero de 2017

La lección del diapasón

Como consecuencia del fenómeno físico de la resonancia, si colocas próximos dos diapasones  capaces de sonar en la misma frecuencia  y haces vibrar uno de ellos, el otro emitirá espontáneamente el mismo sonido. 

La explicación es que las ondas sonoras generadas por el primero presionan a través del aire al segundo.  No obstante, como puedes ver en el vídeo incluido en este artículo, si atornillas una pequeña placa metálica al segundo diapasón, cambias su frecuencia y no se producirá resonancia entre ambos.

No sé si es tu caso, pero yo, a veces, me siento alterada por “ondas” de críticas, intolerancia, envidias o negatividad de cualquier tipo cuyo eco convoca en mí vibraciones similares.  Me inquieta comprobar lo fácil que puedo verme arrastrada por algunas de esas intranquilizadoras inercias a la vez que me alegra darme cuenta que otra parte de mi trata de recuperar el sosiego, logrando que muchas de esas ocasiones se convierten en excelentes oportunidades para asentarme con más consistencia en una tranquila armonía interior.

En cierta ocasión acudí a una manifestación apoyando una causa importante desde mi punto de vista. No obstante, dudé en participar pues temía verme rodeada de pancartas y banderas que, aún apoyando el mismo objetivo, lo hacían desde perspectivas que no comparto. En medio de esas indecisiones me fue muy útil poner en práctica lo que llamo “la lección del diapasón”: Cuando temas la influencia ajena interprétalo como una llamada a concentrarte en lo que tú quieres ofrecer.y transmitir.



 Ese día, me centré en mi enfoque y ayudada por otras personas que compartían mi perspectiva, elaboramos una pancarta con un lema que estaba en total sintonía con nuestros valores. De esa forma logré mantenerme en mi propia “frecuencia de vibración”, respetando las consignas coreadas por otros manifestantes a mi lado pero sin entrar en resonancia con ellas.

En la línea de la metáfora del diapasón, hoy quiero darte a conocer  algunas sencillas herramientas de autoayuda que me resultan útiles en estos momentos en los que quiero volver a mi centro y al bienestar que eso supone, cuando me siento alcanzada por influencias no deseadas:

1.- Volver al centro:

Como en el ejemplo de la manifestación, se trata de volver a tu centro de paz interior a través de la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Recordar tu propósito y actuar en consecuencia buscando cauces de expresión desde el respeto y la cordialidad.

“Con actitud confiada, cada vez que, haciendo tu diario caminar, adviertas incoherencia y desarmonía en tu interior o a tu alrededor, enfoca tu atención en la zona de tu corazón y afirma con convicción:

Tomo conciencia de lo que soy y, en el espacio y el tiempo, mis movimientos lo manifiestan.  Entro en sintonía con lo que mi corazón quiere contemplar y, en coherencia total, mi huella dibuja el mandala de mi propósito vital.
Danzando así, en mi conciencia de ser se reflejan tres círculos de plenitud: el círculo espiritual, el círculo del corazón y el círculo vital. En el primero, brillo en paz; en el segundo, alumbro con amor; y en el tercero, ilumino desde la alegría, la gratitud y el ánimo de celebración.

Después, haz lo que tengas que hacer manteniéndote en la vibración de esos tres círculos. Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego disponte a vivir esa situación con alegría de ser; afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.”  (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

2.- Crear un ancla positiva y reforzarla:

Se trata de asociar un gesto con un recuerdo positivo y asentar conscientemente esta conexión para activarla cuando te pueda ser útil. Para crear este ancla elige un gesto que te resulte fácil de realizar. Puede ser unir el dedo índice con el pulgar,  coger una mano con la otra, tocarte el extremo inferior de la oreja, etc… 

Una vez tengas claro el gesto que prefieres, busca un lugar tranquilo donde no te vayan a interrumpir durante unos minutos y cierra los ojos. Respira tranquilamente mientras piensas en algún momento de tu vida en el que te hayan sentido en paz, bien conectado con tu entorno, resonando en armonía. Trata de revivir ese recuerdo con todos los sentidos, céntrate en las imágenes, emociones y sensaciones físicas que percibes. Cuando creas que estás logrando evocar la vivencia intensamente haz el gesto elegido mientras dices en silencio: “Anclo esta experiencia”. Luego abre los ojos, mira a tu alrededor para distraer tu atención unos instantes y vuelve a repetir el ejercicio. 

Hazlo así varios días hasta conseguir que simplemente al realizar el gesto revivas las placenteras sensaciones de tu recuerdo. A partir de ese momento, cada vez que vivas situaciones similares acompáñalas con ese ademán mientras te haces consciente de tu bienestar. Con este sencillo método estarás reforzando memorias positivas que podrás activar cuando, en ambientes que te resulten perturbadores, quieras recuperar una buena “onda” .

3.- Pasar la goma de borrar:

Este recurso te puede ayudar cuando consideres que, desde tu punto de vista,  hay tonos o comentarios que por ser irrespetuosas, ofensivas o fuera de lugar, están contaminando una conversación valiosa.

Puedes usarla en el mismo momento en que las estás escuchando, utilizando como goma de borrar frases tales como: “No me siento cómodo ante esas insinuaciones”, “prefiero enfocarme en otras facetas más positivas de esa persona”, “Es interesante el tema que propones pero esa generalización me parece injusta y no la comparto”, “Podemos hablar de esto pero evitando juicios insultantes”, etc….

O puedes practicar estra técnica tras una conversación que, habiendo tenido un contenido importante para ti, te ha dejado con malestar por algunas frases de mal gusto que no has podido interrumpir. En un caso así, rememora ese encuentro pero cuando aparezcan esos comentarios imagina que los borras de tu mente quedándote únicamente con los aspectos positivos de la reunión.


4.- Apreciar el valor de cada aportación:

¿Qué pasaría si, cuando vas de viaje, en vez de fijarte en toda la belleza que te rodea, dejases que las deficiencias, la fealdad o las incomodidades hipnotizaran tu atención? Posiblemente no disfrutarías de la experiencia. 

Por supuesto que, si lo vas a poder cambiar,  es positivo poner atención en lo mejorable. Pero siempre que no esté en tu mano transformarlo, busca en lo que te rodea, aquello que eres capaz de apreciar, los puntos de encuentro y todo lo que se pueda compartir en paz.  

Si te inquieta una reunión o un encuentro con personas desconocidas, que te resultan difíciles de tratar o con las que tienes que llegar a un acuerdo a pesar de las diferencias de puntos de vista te  sugiero escuchar esta visualización guiada, titulada “De corazón a corazón”. Te ayudará a sentir más confianza y a apreciar más fácilmente el valor de tu aportación y la de todos los demás. 


5.- Bailar bajo la lluvia:

Dejó escrito Stephen King: “No pedimos esta habitación, o esta música. Pero ya que estamos aquí, bailemos.”  Siguiendo esta idea, la “técnica del paraguas” te puede servir para filtrar la influencia de personas con las que tienes que tener un contacto habitual, sea por compromisos profesionales o de otro tipo. 

En esos momentos en los que quieras poner una distancia mental y emocional ante sus palabras o actitudes, imagínate que abres un gran paraguas, te cobijas bajo él y mientras dejas que vaya resbalando la lluvia negativa que estás recibiendo, cantas o recitas en silencio alguna melodía, estribillo o frase que te ayude a mantenerte tranquilo y a sentirte contento.

En cualquier caso, como nos eneseña "la lección del diapasón", lo importante es recordar que no estamos obligados a resonar con lo que no queremos y somos libres para elegir nuestra propia sintonía y  encontrar recursos para mantenernos en ella.

Gracias por tu atención.  Estaré encantada de leerte si deseas aportar tus comentarios. Abrazos y hasta pronto,

Pepa Arcay
Coach Personal



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lunes, 16 de enero de 2017

Si te flaquea la motivación, respira hondo y ¡ponle corazón!

La motivación es el lazo que logra unir compromiso y esfuerzo manteniendo activa y focalizada la fuerza de voluntad. Cuando motivación y voluntad van de la mano no hay obstáculo que pueda frenar su avance.

Cómo el combustible para un motor, la motivación nos pone en movimiento. Sin motivación para realizar algo la resistencia a hacerlo es máxima. En la medida que logras motivarte esa resistencia va disminuyendo y puedes pasar de querer postergarlo a quererlo hacer por encima de todo.

Contaba Anthony De Mello que “un anciano peregrino llegó a una posada tras realizar un difícil recorrido por las montañas, en lo más crudo del invierno y bajo una lluvia constante. Al verle entrar el posadero le preguntó: ¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí con este tiempo de perros, buen hombre? Y el anciano respondió alegremente: Mi corazón llegó primero, y al resto de mí le ha sido fácil seguirle."

Desde mi punto de vista, motivarte es como abrir una puerta, cuya llave guarda el corazón, para que lo que buscas y lo que te busca, puedan encontrarse. Al comenzar el año quizá has renovado propósitos y emprendido nuevos recorridos. Todos, a nuestro paso, participamos en la maratón de la vida donde se alcanzan metas y se superan retos a la vez que se enfrentan  miedos, frustraciones y desalientos. En algún tramo puede acompañarnos la pereza o sorprender un tropiezo. Pero si te mantienes motivado podrás sostenerte aún en el cansancio y el desequilibrio.

Por todo esto hoy quiero compartir contigo ocho estrategias que te ayudarán a mantenerte conectado con la fuerza de la motivación en tu corazón y seguir adelante hacia ese horizonte soñado que, al haberlo convocado, también viene a tu encuentro:

1.- Elabora un plan de acción con metas alcanzables y lleva un diario de seguimiento.   

Hay retos que parecen inalcanzables hasta que estableces un plan de acción que, a modo de escalera, te permite ascender, peldaño a peldaño, hasta alcanzarlos. Procura dar lo mejor de ti a cada paso pero empieza poniendo el listón de tu exigencia a una altura que te resulte alcanzable en el momento y las circunstancias que afrontas. Conforme vayas logrando resultados podrás ir subiendo ese listón. Pequeños pasos en asuntos sencillos y que sean de tu agrado pueden ayudarte a entrar en acción y a encontrar la motivación que necesitas para continuar avanzando  

Establece de antemano puntos de control y recompensas a tus logros. Cada mañana repasa los pasos a dar y cada noche comprueba que te hayan acercado a tus metas. Te será útil escribir un diario de seguimiento donde expreses cómo te has sentido, qué dificultades han aparecido, qué es lo que no está funcionando, lo que necesitas mejorar, lo que has aprendido o lo que sea que te parezca importante anotar sobre el tramo recorrido.

2.- Invoca tus valores para conectar con las motivaciones que te aportan sentido: 

Una forma sencilla de lograrlo es preguntarte: ¿Para qué voy a hacer esto? Cuando organices tu agenda o realices una lista de temas pendientes, en lugar de enumerar únicamente las acciones a realizar anota también los resultados que esperas conseguir con ellas y el valor que eso aportará a tu vida. Te sientes diferente al pensar en: “hacer diez llamadas” que al pensar en “aumentar mis ingresos haciendo diez llamadas y traer a mi vida más seguridad económica.”. O “Levantarme dos horas antes” a “colaborar al bien común haciendo mi tarea de voluntariado”. Así consigues considerar las tareas pendientes no como cargas sino como posibilidades de acercarte a tus ideales. Si esa lista la lees en voz alta estarás motivándote al recordar tu escala de valores y comprobar que puedes actuar en coherencia con ella. 

En el siguiente relato puedes ver tres perspectivas desde las que una misma labor encuentra diferentes sentidos: “Se cuenta que tres albañiles estaban trabajando en la construcción de un gran edificio. Cada uno de ellos hacía la misma tarea pero cuando fueron preguntados sobre lo que estaban hacienco sus respuestas fueron diferentes. El primero respondió: Pongo ladrillos. El segundo contestó: Levanto una pared. Soy bueno en esto y me gusta que confíen en mi. Y así fue la respuesta del tercero: Junto con todo el equipo estamos construyendo un gran hospital.

3.- Procura pasarlo bien y disfrutar de la experiencia: 

Si quieres estar motivado, lo que vas a hacer además de tener valor para ti es importante que puedas disfrutarlo. Sea cual sea la tarea procura hacerla de la manera más sencilla, agradable y, en la medida de lo posible, divertida. Sueña con el resultado que deseas pero mientras haces lo necesario para lograrlo, no te centres en ese final sino en encontrar tu mejor forma de hacerlo, valorando por adelantado y por encima de todo, tu actitud y compromiso. Aunque la meta quede lejos si aprendes a disfrutar de cada paso, la serenidad viajará contigo. En este video queda expresada esta idea en una experiencia real que quizá te hará sonreír:



4.- Observa tu diálogo interior y cambia las palabras que te frenan por frases que te impulsan: 

¿Qué te dices frente a la dificultad? Revisa esas conversaciones porque en ellas puedes generar el impulso extra para avanzar o la justificación para tirar la toalla. ¿Piensas que no vas a poder? Busca experiencias en tu memoria que te demuestren que otras veces pudiste. ¿Piensas que es demasiado para ti? Recuerda  momentos en que te sentiste superado y sin embargo encontraste el camino de salida. Pensar positivamente no es creer que todo está bien sino encontrar el enfoque  que te permita motivarte y progresar. Elabora un diálogo interior respetuoso en el que no tengan cabida las descalificaciones y te abra posibilidades. Reconoce sin falsas humildades tus dones, talentos y cualidades e irá emergiendo más valor, coraje y osadía.

5.- Visualízate lográndolo: 

Cuando el entusiasmo une disciplina y visión cuentas con pies y alas para alcanzar tus metas.  Párate diariamente a imaginarte protagonizando tu soñada realidad. ¿Qué sucede y qué sientes habiendo alcanzado tus objetivos? ¿En esas felices escenas qué experimentas? ¿Qué recibes? ¿Qué das? ¿Con qué disfrutas? ¿Qué ves, oyes, notas, hueles y saboréas en esas escenas? ¿Con quíen estás y cómo es el lugar en el que te ves habiendo alcanzado tu meta? Añade los máximos detalles posibles a esa visualización.  

¿Qué postura corporal se corresonde con la actitud que quieres desarrollar? Descúbrela, adóptala y estarás más cerca de sentirte así. Cuando salgas a caminar imagina que algunos de tus sueños ya se han cumplido. Visualiza esas felices escenas y permite que surjan formas de moverte coherentes con esas visiones. Toma conciencia de esas posturas y, en adelante, juega a incorporar esos gestos y movimientos para evocar un ánimo similar y motivarte.

6.- Recuérdate que cuentas con tu capacidad de aprendizaje: 

Cuanto más haces y aprendes más puedes hacer y aprender. Ser realista implica ver los problemas sin magnificarlos y reconocer tus capacidades sin idealizarlas. Investiga las posibilidades de formación y de elevar tu nivel de preparación. Observa como han alcanzado otros ese nivel. No obstante, lo que te rodea puede inspirarte pero recordar momentos de tu propia superación convocará aún más tu autoconfianza. Te sentirás más motivado si te sientes capaz. Elabora una lista de ejemplos de aprendizajes de tu propio recorrido. Recuerda que para aprender hay que aceptar primero la ignorancia sobre algo. Ese es el primer peldaño para acceder al conocimiento. Y puedes vivirlo no como una debilidad sino como una posibilidad de crecer y evolucionar. 

7.-  Procúrate inspiración y prepárate especialmente para cuando aparezcan los deseos de abandonar: 

Alimenta tu espíritu con inspiradoras influencias. Elige lecturas, imágenes, compañías y experiencias que te ayuden a mantener tu ánimo en un positivo enfoque y una optimista expectativa.  Y no olvides que al caminar das un paso en el vacío mientras que con el otro te afirmas más. Sólo así puedes avanzar. También en la vida para evolucionar es necesario integrar momentos de inestabilidad. Por eso, prepara recursos especiales para los momentos de desaliento. Planéalo de antemano. 

Te propongo cinco sugerencias:

a) Busca fotos, dibujos y palabras que representen tus objetivos. Con este material, realiza un collage que incluya tu foto sonriente y colócalo en un lugar bien visible. Al verlo cada día recordarás el rumbo que marca tu corazón.

b) Recopila ejemplos de resilencia: Historias, biografías, películas o vídeos que hablen de otros seres humanos afrontando situaciones difíciles y saliendo airosos del reto. Selecciona frases que te alienten y ponlas a la vista para que inspiren.

c) Cuenta con personas de confianza con quien puedas compartir tus desafíos y te vayan a brindar apoyo cuando lo necesites.  

d) Elige las frases que más te entusiasmen e invoquen tu mejor actitud y apréndelas de memoria o colócalas en lugares visibles para que puedas acudir a ellas cuando necesites su fuerza.

e) Haz un lista de logros. Cada vez que consigas realizar un cambio positivo en tu vida, reconócelo, celébralo y añádelo también a este registro.  Repasa esta lista en los momentos de bajón e imagina lo bien que te sentirás, disfrutando de la recompensa del reto logrado y pudiendo anotar una victoria más.

f) Practica este ejercicio meditativo que también puedes escuchar en audio:

“Busca un lugar tranquilo y túmbate boca arriba. Concentra tu atención en tu respiración e imagínate que, con cada inspiración y expiración, escuchas el sonido de olas que vienen y se van. Después de un rato haciéndolo así, imagina que el sonido de esas olas convoca ondas de energía moviéndose por tu cuerpo con vibrante armonía.

No hace falta poner nombre a ese caudal de vitalidad; sólo asómbrate y admira su intensidad. El poder que fluyendo llega, se hace presente en tu conciencia y luego se va. Juega a inspirar y experimentar lo que ocurre. Juega a expirar y experimentarlo también. Juega a recorrer tu cuerpo dejando que esas olas de vida todo lo alcancen. Acepta sentir, sin evaluar, ese energético caudal. Deja que se presente tal y como es; disfruta con la vibración que podrás sentir a tu través.

Luego, levántate, ábrete aún más a ese poder y danza con él. Te puede resultar un buen acompañamiento para este momento, todo tipo de música de percusión. Suéltate a bailar disfrutando de esa vitalidad. Añade más fuerza a esta actividad diciendo en voz alta tu nombre una y otra vez, como si estuvieses convocando a reunión a toda la energía albergada en cada aspecto de tu ser.
Hazlo así cada vez que quieras promover más fluidez allí dónde encuentras rigidez, hasta comprobar que te sientes más proclive a la acción, a la colaboración y a la diversión.”




8.- Colabora con tu entusiasmo a sostener la motivación de los de tu alrededor. 

Esa actitud también sostendrá tu propio ánimo. Crea un grupo con el que puedas compartir recursos, ideas, motivación y celebrar juntos las metas alcanzadas así como apoyaros en los tropiezos. Que en tu compañía todos perciban la grandeza de la vida que son. Refuerza tu autoestima y la de los demás,  recordando que todos somos una expresión única e irrepetible de la vida, con una función que realizar, un potencial a desplegar, y siempre dignos de amor y respeto. 

"Contempla con consideración lo que a tu alrededor, por pequeño que sea, también sueña e intenta transmitir confianza, compromiso y esperanza. Para ayudarte en este empeño, nunca olvides añadir a tu ánimo un flexible cinturón hecho de cintas de confianza espiritual y un anillo de fe, que los demás advertirán cuando te observen señalándoles, no por el potencial que aún no han llegado a desplegar sino porque adivinas el brillo de su alma jugando a manifestar su luz.” (Lo que el corazón quiere contemplar)

Como ves, la mayoría de las sugerencias que hoy comparto contigo tienen relación con el respeto, la confianza, la esperanza y la espontánea alegría de vivir. Es decir, asuntos que implican un enfoque afectivo. Por eso como resumen me gusta decirte: Si te flaquea la motivación, respira hondo y ¡ponle corazón!

Gracias por tu atención. Me encantará que participes con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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